«No hay “personas con necesidades especiales”, las necesidades son las mismas para todo el mundo»

Gracias a la entrevista de La Buhardilla 2.0 a los consultores y expertos en accesibilidad Ramón Corominas y José María Ortiz, fui consciente de la importancia que tiene facilitar los requisitos necesarios que posibiliten el acceso a la divulgación a todos los públicos.

Se ven dos dibujos de un corredor. En el primero de ellos, choca con una valla, encuentra un obstáculo que no puede saltar. En el segundo cruza triunfal la meta.

Marta Segurola
«Accesibilidad: primeros pasos»
Fuente: http://ramoncorominas.com/talks/2016/buhardilla/dibus.htm

Finalizada la emisión hablé con Oihana y coincidimos en que debíamos tratar el tema en el blog. Para hacerlo de la forma más rigurosa posible solicité una entrevista a José María y a Ramón, que aceptaron encantados. Nunca olvidaré la interesante conversación que mantuve con ambos. Vosotros no podréis gozar de su compañía pero sí aprender tanto como lo hice yo.

Para acabar, antes de dejaros con las palabras de Ramón y José María, quería informaros de que podéis adquirir los eBooks accesibles de Disecciones, Botánica insólita y Las mujeres de la Luna en las principales tiendas digitales como Amazon, Apple iBooks Store, Beam, KoboTM o Weltbild.de.

En la entrevista vamos a centrarnos en la accesibilidad a la lectura. ¿Cómo definiríais un texto accesible? ¿Cuáles son sus características en tanto a contenidos y estructura?

RAMÓN COROMINAS: Permíteme, antes de nada, matizar el concepto de «texto» para incluir en él todo el rango de contenidos que puede tener un libro digital, especialmente si es de temática científica, donde es habitual encontrar mucha otra información que no es puramente textual, como imágenes, gráficos, tablas, etc. En ese contexto, la accesibilidad se refiere a la posibilidad de acceder de manera adecuada a toda esa información, independientemente de las diversas formas de acceso o de otras circunstancias personales o del entorno donde se accede. Es decir, si un contenido es plenamente accesible, cualquier persona podrá acceder a la información tanto si usa un ordenador como un móvil, con una u otra aplicación, o en distintos entornos de iluminación o ruido, y  sin importar si tiene o no alguna limitación física o sensorial. Muchas veces se asocia el término accesibilidad solo al acceso de personas con discapacidad, pero creo que es más apropiado extenderlo a todas las personas, porque también existen muchas situaciones discapacitantes o circunstancias transitorias que podrían impedir el acceso a la información a cualquiera en un momento dado. Por ejemplo, casi todos hemos tenido la experiencia de intentar leer el móvil en un día muy soleado o, simplemente tratar de leer la letra pequeña de un contrato o de un prospecto de un medicamento. Esas son situaciones donde no existe una discapacidad “oficial” pero se dan unas circunstancias que dificultan un acceso a la información que podría paliarse recurriendo a la accesibilidad.

Aparecen un conjunto de dibujos de diferentes tipos de personas que pueden tener dificultades de acceso, incluida, por supuesto, la persona "estándar".

Marta Segurola
La accesibilidad busca cubrir las necesidades de toda la población.
Fuente: http://ramoncorominas.com/talks/2016/buhardilla/dibus.htm

Por tanto, el aspecto que mejor define a un contenido accesible es su adaptabilidad a los distintos requisitos que cada persona pueda tener en función de sus capacidades o de su forma particular de acceder a la información. Esta adaptabilidad es casi directa si el contenido es solamente texto, ya que el texto es legible prácticamente por  cualquier programa —incluidos los que usan algunas personas con discapacidad—, y normalmente el usuario que lo necesite podrá ajustar el color, tamaño, espaciado, tipografía o incluso la justificación. Sin embargo, cuando el contenido no es solo texto, hay que pensar en las distintas formas en que una persona podría acceder a la información para ofrecer alternativas que se adapten a cada una de ellas.

«Si un contenido es plenamente accesible, cualquier persona podrá acceder a la información»

Por ejemplo, aunque una persona ciega no pueda ver una imagen, sí puede obtener una información equivalente si esta dispone de una descripción adecuada que cumpla la misma función que la imagen para quien sí puede verla. Imagina, por ejemplo, un texto de oftalmología con una imagen esquemática de un ojo humano. Si en el propio texto se especifican las distintas partes del ojo, la descripción de la imagen puede ser algo tan simple como «dibujo esquemático de las distintas partes del ojo», pero si el texto delega mucha de esa carga informativa en la imagen, la descripción debería ofrecer también esa información más detallada. Otro ejemplo típico puede ser el de los gráficos estadísticos. La mayoría de las veces el gráfico no deja de ser un apoyo visual que resume y contextualiza la información que aparece en el texto, con lo que no suele hacer falta repetir todos los datos en la descripción. Aún así, si fuera necesario, siempre podría acompañarse de una tabla con los datos completos. En definitiva, se trata de aplicar un poco de sentido común y pensar «¿cómo le contaría a alguien por teléfono lo que estoy leyendo?». Si la imagen o el gráfico son muy relevantes, seguramente tenderé a explicar en detalle su contenido, pero en la mayoría de los casos me limitaré a mencionar su existencia y quizá dar una pincelada básica de lo que la imagen representa.

Otro aspecto fundamental es la estructura de los contenidos, y en este caso me refiero no solo a cómo está organizada la información (capítulos, secciones, etc.), sino también a la semántica interna que define la función que cumple un determinado fragmento de contenido en el conjunto. Por ejemplo, en un libro organizado en capítulos o secciones, cada una de esas divisiones tiene un «título de sección» que de algún modo describe los contenidos que siguen a continuación. Si esos títulos se marcan internamente como «encabezados», una persona ciega podrá navegar directamente por esa estructura de encabezados sin tener que leer todo el texto, de una forma similar a como lo haría alguien que ve, quien sí puede distinguir los títulos por tener un mayor tamaño o un color destacado. Si además de eso incluimos un índice de contenidos con enlaces a las distintas secciones, facilitamos también la navegación para cualquier persona, con la ventaja de que ese índice es muy fácil de generar si se han marcado correctamente los encabezados. Otro ejemplo de semántica estructural es el de las tablas que, si están correctamente marcadas, permiten navegar por filas o columnas recibiendo la información de las cabeceras, posibilitando,  de esta forma, la interpretación de los datos. Me gustaría añadir que, aunque en los ejemplos anteriores me he referido a problemas comunes a los que se enfrentan las personas ciegas, la solución a esas dificultades también facilita el acceso a otros perfiles como personas con dislexia (que muchas veces también usan un programa lector de pantalla), o a personas con movilidad reducida, que pueden navegar más fácilmente por los distintos contenidos pulsando una simple tecla en lugar de tener que hacer scroll, que puede resultarles más fatigoso.

Esos dos aspectos —alternativas para el contenido no textual y estructura semántica— son para mí los más importantes, pero también habría que añadir otros como que el texto tenga suficiente contraste con el fondo, que los gráficos se puedan entender aunque la persona no distinga los colores (por ejemplo, añadiendo patrones, estilos de trazo, etc.), o tratar de evitar el texto en columnas, que puede dificultar mucho la lectura si la persona tiene que hacer zoom porque necesita ampliar el texto. Por último, me gustaría mencionar las adaptaciones a lectura fácil, destinadas a facilitar la comprensión a personas con dificultades cognitivas o de aprendizaje, y que pueden ser tremendamente útiles en contextos educativos.

El nacimiento de la página web y la incorporación de los formatos digitales, ¿en qué medida han facilitado la accesibilidad a la lectura?

JOSÉ MARÍA ORTIZ: Los contenidos digitales han supuesto un salto inmenso en el acceso a la información, no solo porque la cantidad disponible de la misma se ha ampliado en muchos órdenes de magnitud, sino también por las posibilidades de navegación y búsqueda en esa información. Hasta la llegada de la web y de los formatos digitales, si una persona ciega quería (o necesitaba) leer un libro, prácticamente su única opción era que la ONCE preparara una copia en braille o leída por un locutor, con las implicaciones que eso supone, no solo en cuanto a los recursos necesarios, disponibilidad de títulos y retrasos, sino también en las limitaciones de estos formatos a la hora de trasladar determinados tipos de contenidos. Por ejemplo, una tabla puede representarse en braille, o se pueden leer todos sus datos de forma correlativa, pero está claro que se necesitará un notable esfuerzo para poder interpretar la información. Sin embargo, si esa tabla está en un formato digital y su semántica está correctamente marcada —tal y como ha comentado Ramón—, la persona puede moverse con facilidad por filas y columnas, accediendo además a la información de las cabeceras que pone en contexto cada dato. Y eso sin contar con todas las posibilidades de navegación por encabezados, búsqueda de palabras, inclusión de marcadores, etc., y que por supuesto no se aplican solo a personas ciegas, sino a todo el mundo.

Por otro lado, la adaptabilidad de la información de la que hablábamos antes puede permitir también cambiar características como los colores de fondo y primer plano, el tamaño y tipografía del texto, la justificación, el espaciado, así como la voz o la velocidad de lectura si la persona accede mediante audio. Es más, con determinadas aplicaciones se puede incluso seguir el texto en pantalla al tiempo que se escucha, lo que ayuda muchísimo a personas con dislexia u otro tipo de dificultades con la lectura.

Pero para mí lo mejor de todo es que muchas de esas adaptaciones que hemos comentado no se usan solo por personas con discapacidad o limitaciones físicas o sensoriales, sino que mucha gente sin dificultades aparentes descubre que algunas de esas opciones les hacen más fácil la lectura. Eso también hace que se diluya un poco más esa frontera ficticia entre personas “con” y “sin” discapacidad, con lo que eso supone de cara a una sociedad más igualitaria y justa.

Aparecen cuatro dibujos. En el primero se ve una persona en silla de ruedas delante de unas escaleras que dificultan su acceso a un edificio. En el segundo el mismo individuo lleva casco y un piolet de escalador porque tiene enfrente una rampa con demasiada inclinación y una puerta giratoria. En el tercero sube satisfecho por una rampa poco inclinada y las puertas se abren automáticamente. En el cuarto entra triunfal y cómodamente por unas puertas que se abren automáticamente a ras de suelo.

Marta Segurola
«Accesibilidad: primeros pasos»
Fuente: http://ramoncorominas.com/talks/2016/buhardilla/dibus.htm

¿Cuáles son los diferentes modos de lectura accesible?

RC: Lo primero que habría que tener en cuenta es que existe una diversidad muy grande en las dificultades que podrían afectar a las personas al acceder a la lectura, y no todos los criterios de accesibilidad son igual de importantes para todas las personas. Por ejemplo, con mi baja visión suelo leer los libros con una aplicación para el móvil que convierte el texto en voz, pero a veces el libro tiene contenidos como diagramas, gráficos, fórmulas, tablas, etc., que no se adaptan bien a una lectura lineal. Entonces prefiero leer en el ordenador o en la tableta con un fondo de color oscuro y la letra blanca y de tamaño más bien grande. Los problemas para mí pueden producirse por un contraste insuficiente, gráficos que solo se entienden si distingues bien los colores, o maquetación a dos columnas, porque me obliga a una serie de movimientos de zoom y desplazamientos que a la larga resultan bastante molestos.

«Existe una diversidad muy grande en las dificultades que podrían afectar a las personas al acceder a la lectura»

JMO: Por su parte, una persona ciega total puede leer con esa misma aplicación de texto a voz o usando audiolibros leídos por locutores profesionales, pero también puede preferir usar un programa lector de pantalla, que no solo convierte el texto en voz o braille, sino que además interpreta la estructura semántica de los contenidos, lo que permite muchas posibilidades de navegación y una mejor comprensión del contenido. Muchas personas con dislexia o dificultades de aprendizaje también usan lectores de pantalla como una forma de complementar o reforzar la lectura visual con aplicaciones que reproducen el texto en voz mientras resaltan las palabras en la pantalla. Otras personas pueden tener problemas motrices y prefieren el libro electrónico a un libro con páginas, más difícil de manejar, o incluso pueden llegar a desplazarse por el texto usando el reconocimiento de voz o el movimiento de los ojos. Es más, hay ya algunos dispositivos relativamente asequibles que interpretan ciertas señales cerebrales y que podrían llegar a usarse para manejar un ordenador u otros dispositivos.

«No hay “personas con necesidades especiales”, las necesidades son las mismas para todo el mundo»

RC: Eso sí, todas estas posibilidades dependen de que el libro se haya elaborado teniendo en cuenta los criterios de accesibilidad. Si las imágenes no tienen descripción o la estructura no está marcada, a día de hoy, hay poco que pueda hacer la tecnología para arreglar los problemas. Al hilo de esto, me gusta insistir en que no hay «personas con necesidades especiales», a fin de cuentas, las necesidades son las mismas para todo el mundo: tener disponibilidad de títulos, acceder a toda la información, encontrar lo que se busca y, en definitiva, disfrutar de la lectura. Esas son las verdaderas necesidades que todas las personas compartimos. Si mi forma de acceder a la lectura es distinta a la de otras personas, ya sea por mis propias capacidades o por simple preferencia, lo que hará posible que esas necesidades se cubran satisfactoriamente es el cumplimiento de los criterios de accesibilidad, aunque lógicamente cada criterio puede tener un impacto distinto para cada lector dependiendo de la problemática particular de cada situación.

¿Qué hace diferente a un eBook?

RC: Los libros digitales pueden, en principio, incluir otros tipos de contenidos que no son posibles en un libro tradicional, como hiperenlaces, gráficos interactivos o multimedia, lo que abre un mundo de posibilidades, sobre todo en el ámbito educativo. Imagina, por ejemplo, un libro de Historia con mapas animados explicando los cambios geopolíticos, o un libro de Física donde se puede “jugar” con planos inclinados, poleas o tiros parabólicos mientras se aprenden los conceptos físicos que hay detrás, o un libro de Química donde las moléculas se pueden girar en una visualización en 3D, o vídeos sobre animales incrustados en un libro de Zoología… O simplemente incluir tests de autoevaluación donde se puede tener el resultado de forma inmediata.

Quizá este tipo de contenidos escapan a la definición tradicional de libro, pero creo que son extensiones naturales dadas las nuevas posibilidades técnicas, y creo que algunas editoriales deberían empezar a plantearse el salto, porque las ventajas son evidentes. En realidad, no hace falta pensar en libros educativos para aprovechar algunas de estas posibilidades; podría ser algo tan simple como incluir enlaces a otros libros de la misma editorial, o a libros o materiales relacionados, o a una biografía ampliada y actualizada del autor… No hablo de llenar una novela de enlaces, por supuesto, pero quizá se pueden incluir algunos de esos enlaces en la información bibliográfica del libro, o directamente crear una sección específica al final. No hace falta conservar la misma estructura que en un libro en papel.

«Se debe cuidar de no excluir a nadie por haber usado contenidos que no son accesibles para todos»

JMO: Eso sí, cualquiera de esas posibilidades debe tener en cuenta a todas las personas. No en un sentido estricto, ya que las experiencias de aprendizaje difieren y es obvio que eso no va a ser posible en todos los casos; pero sí cuidando de no excluir a nadie por haber usado contenidos que no son accesibles para todos.

¿Qué tipos de archivos se emplean?

JMO: Hay muchos formatos que pueden usarse para crear libros digitales, empezando por el fichero de texto plano de toda la vida que para determinados libros puede servir perfectamente; también formatos usados por programas como Word o LibreOffice que cuentan con ciertas posibilidades de estructura y maquetación.

Dejando de lado esos formatos más simples, a día de hoy el formato más completo para libros digitales es el estándar ePub 3, que en esencia es muy similar a lenguajes de marcado como HTML, y que permite todas las características de accesibilidad de las que hemos hablado. Hay otros formatos como PDF que también pueden incluir características de accesibilidad, pero por lo general son menos accesibles porque el soporte de esas características depende mucho del dispositivo o del sistema operativo (por ejemplo, no existe ninguna aplicación de iOS o MacOS que lea el marcado de accesibilidad y sea a la vez compatible con el lector de pantalla).

RC: También están los libros en formato Kindle, que deben leerse con un dispositivo o aplicación concreta, lo que ya de por sí resta posibilidades, aunque conozco personas ciegas que leen mucho en ese formato, ya que la aplicación tiene su propio reproductor con voz sintentizada.

Los libros con DRM pueden suponer un problema grave, no tanto por el DRM en sí, sino porque muchas veces la aplicación que se necesita para leer el libro no es accesible. La protección contra copia no puede servir como excusa para una discriminación, no será la primera vez que me compro un libro y me veo obligado a romper la protección porque de otro modo no puedo leerlo. Por supuesto, no estoy defendiendo la piratería, lo que digo es que las aplicaciones de lectura deben ser accesibles, yo he pagado el libro igual que todo el mundo.

«Los libros con DRM pueden suponer un problema grave»

JMO: Otro formato de lectura habitual entre las personas ciegas es el DAISY. DAISY es el acrónimo de Digital Accessible Information System (Sistema de Información Digital Accesible). Se trata de un formato estándar para audiolibros desarrollado y promocionado por DAISY Consortium. Los libros DAISY son libros en MP3. Hacen uso de esta tecnología de compresión de audio, aunque no de manera excluyente. Lo que los diferencia de los audiolibros en MP3, es que al audio de un libro DAISY se añaden además otros archivos que permiten su navegación y que definen su estructura. Si se realiza un buen marcado del libro, este formato permite moverse dentro de los archivos de audio a distintos niveles, o ir a una página determinada, añadir marcas de lectura, hacer uso del índice, etc. Otra característica de este formato de libros es que permite añadir el texto sincronizado con el audio, con lo que los usuarios pueden visualizarlo a la vez que se va reproduciendo, lo que puede ayudar a la comprensión del texto a algunos perfiles de usuarios. Para reproducir este formato de libros, existen tanto reproductores físicos, como aplicaciones para dispositivos móviles y ordenador.

Para acabar pasemos a las páginas web, ¿cuáles son las principales características que deben tener para ser accesibles?

RC: Hasta ahora solo hemos comentado criterios de accesibilidad que puedan aplicarse a contenidos estáticos, en el sentido de sus escasas o nulas posibilidades de interacción, pero en una página web nos encontramos con todo tipo de posibilidades de navegación o de contenidos dinámicos, esto es, que cambian o reaccionan en función de nuestras acciones, desde simples menús de opciones o formularios a completas aplicaciones basadas en web, pasando por las capacidades multimedia y de visualización interactiva de datos.

Esto significa ampliar los criterios anteriores para contemplar esos contenidos más dinámicos. Como resumen de todos estos criterios, se puede usar una regla mnemotécnica sencilla: el A-E-I-O-U de la accesibilidad:

«El A-E-I-O-U de la accesibilidad» Fuente: http://ramoncorominas.com/talks/2016/buhardilla/dibus.htm

Marta Segurola
«El A-E-I-O-U de la accesibilidad»
Fuente: http://ramoncorominas.com/talks/2016/buhardilla/dibus.htm

A – Alternativas: Todo el contenido que no sea puramente textual debería tener una alternativa en texto. Por ejemplo, las imágenes y botones pueden tener un texto descriptivo, los gráficos y diagramas pueden estar explicados en el texto de la página web, los audios tener una transcripción, etc. También podemos hablar de alternativas en multimedia, como los subtítulos para personas sordas o la audiodescripción para personas ciegas o con baja visión. La idea es que si la información no es texto (que es siempre accesible) existan otras formas alternativas de acceso para quien pueda necesitarlas.

E – Estructura: Aquí se incluiría tanto el etiquetado semántico que define cada elemento (títulos, listas, tablas, etc.) como la propia estructura del contenido (secciones, bloques de información, separación entre interfaz y contenido…). Conocer y aplicar la especificación HTML es fundamental, es muy llamativo que muchos de los problemas de accesibilidad con que nos encontramos día a día puedan resolverse usando correctamente la especificación.

I – Identificación: Los títulos de página y los títulos de sección deberían identificar correctamente su contenido. Esto facilita la navegación y se gana en eficiencia al moverse por distintas páginas, pero sobre todo es fundamental cuando el usuario ya conoce nuestro sitio y puede ir directamente a donde le interesa. De especial importancia son las etiquetas que identifican los campos de un formulario (por ejemplo, el típico caso de un inicio de sesión con usuario y contraseña, o un formulario de contacto). No solo deben mostrarse visualmente estas etiquetas, sino que deben estar enlazadas internamente con sus campos correspondientes; esto posibilita que los usuarios de lector de pantalla sepan qué tiene que rellenar en cada momento. Aquí también entraría la identificación del idioma, que permite al lector de pantalla cambiar la pronunciación para adaptarse al idioma del texto, aunque no todos los usuarios activan este cambio de pronunciación, pues están más acostumbrados a la pronunciación de su propio idioma y el cambio de pronunciación solo entorpece la comprensión.

O – Operabilidad: Este punto se refiere a la capacidad para operar o manejar el contenido, es decir, hacer que este sea accesible con independencia de que el usuario use un teclado, una pantalla táctil, reconocimiento de voz, o cualquier otro dispositivo de entrada distinto de un ratón. Aquí habría que comprobar, sobre todo, que la página web pueda usarse con un teclado y con una pantalla táctil; si esto se cumple normalmente también suele funcionar bien con reconocimiento de voz, seguimiento del iris, dispositivos barredores, etc. Otro tema a considerar en la operabilidad es que no se produzcan interferencias, por ejemplo el típico caso de un vídeo que se empieza a reproducir automáticamente con el audio a todo meter, y que impide al usuario ciego escuchar al lector de pantalla para poder pararlo. Otra interferencia típica son los carruseles y animaciones que no dejan de moverse en la pantalla, y que pueden ser muy frustrantes para personas con déficit de atención y otras dificultades cognitivas. Ah, y por supuesto, la publicidad invasiva, tan de moda últimamente, supone un grave problema para muchas personas, y además es tan inaccesible que ni siquiera sirve para el fin que supuestamente persigue.

«La publicidad invasiva es tan inaccesible que ni siquiera sirve para el fin que supuestamente persigue»

U – Uso del color: En este apartado incluimos un batiburrillo de aspectos visuales como el contraste entre el texto y el fondo —que debería estar siempre por encima de 4,5:1— o el uso de colores para los gráficos, donde hay que tener cuidado de que el gráfico se entienda si esos colores no se distinguen. También podríamos hablar de una buena visibilidad del foco del teclado, que indica al usuario por dónde se está moviendo, y por supuesto conservar una consistencia visual en todo el sitio que haga más fácil entender el manejo de la página.

Aparecen ambos posando ante un paisaje.

José María Ortiz y Ramón Corominas