José María Seguí Simarro: «Es poner a trabajar a la naturaleza para la sociedad»

Fotografía del entrevistado, José María Seguí Simarro

José María Seguí Simarro

José María Seguí Simarro es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universitat de València y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad es profesor de la Universitat Politècnica de València e investiga en Biología celular y Biotecnología celular.

Para él, la Biotecnología «ha revolucionado la visión de las plantas y su aprovechamiento». Por eso ha decidido acercarla al gran público a través del libro de divulgación científica Biotecnología vegetal. La ciencia que revolucionó el futuro de las plantas. Una obra que encaja como un guante en la temática que tratamos este mes en el blog y que conoceremos mejor gracias a la entrevista que tan amablemente nos ha concedido el autor.

¿Cuándo surgió tu interés por las plantas?

Pues, para qué negarlo, fue un poco de casualidad, cuando me surgió una oportunidad de hacer la tesis en este campo, en un momento en el que yo me dedicaba a otras áreas de la biología. Ahora bien, una vez hice el cambio, jamás me he arrepentido. Descubrí un mundo fascinante y nuevo en muchos aspectos para mí, y por eso pensé luego que podría ser también nuevo y fascinante para más gente… y por eso escribí este libro.

Has investigado en España y en Estados Unidos ¿has encontrado diferencias a la hora de trabajar?

Muchas, muchísimas, en muchos aspectos. En general, lo que más llama la atención es que allí todo el mundo con poder de decisión en el sector público y privado se cree esto de la investigación, cuentan con una larga trayectoria apostando por la investigación porque tienen la convicción de recibir luego, tarde o temprano, un retorno de esa apuesta. Aquí… digamos que en general no existe esa convicción. Y todo eso tiene una primera derivada en la cantidad de dinero que se invierte allí para investigar, y no solo en disciplinas aplicadas, sino también en ciencia básica, sin la cual no pueden luego desarrollarse aplicaciones concretas. En cambio aquí… digamos que el concepto que tienen nuestras autoridades en general es que en investigación no se invierte, sino que se gasta, se habla de “gasto en investigación”. No se tiene una conciencia clara de para qué vale eso. Y claro, cuando llegan las épocas de vacas flacas, es obvio que hay que recortar el “gasto”, y sobre todo en aquello en lo que no se prevea un retorno claro y a corto plazo. Hay también muchas otras diferencias, también a nivel de gestión de recursos, de ambiente de trabajo, etc… esto daría para otro libro.

«Tienen una larga trayectoria de apostar por la investigación porque tienen la convicción de recibir luego, tarde o temprano, un retorno de esa apuesta»

Me da la sensación de que ahora que gran parte de la población se ha trasladado a las ciudades, el reino vegetal todavía nos resulta más desconocido que antaño. ¿Tienes esa impresión?

No necesariamente, yo creo que en las ciudades la gente también ve todos los días árboles en los parques, fruta y verdura en los mercados, fruterías y grandes superficies, flores y plantas decorativas por todas partes… Lo que sí puede que pase es que los urbanitas estén más alejados de los entornos donde estas plantas, frutas, y/o verduras son producidos. Por ilustrarlo con un ejemplo, quizá un poco chusco, lo admito, creo que cualquier niño de ciudad sabría lo que es una manzana o una pera, pero es posible que alguno no supiera que manzanas y peras vienen de árboles que hay en el campo, y puede que haya incluso alguno que creyera que se fabrican como los Phoskitos.

¿Qué es la Biotecnología y para qué sirve?

La Biotecnología es una disciplina muy transversal, que utiliza los conocimientos de ciencias como la Biología principalmente, pero también la Ingeniería, la Física, la Química y en general cualquier rama del conocimiento científico, para desarrollar bienes, productos o servicios que puedan ser útiles para la sociedad. O dicho de otro modo, es poner a trabajar a la naturaleza para la sociedad. Aunque pueda parecer un concepto muy novedoso, hace ya 6.000 años que los babilonios ponían a trabajar a unas levaduras como Saccharomyces cerevisiae para que fabricaran cerveza para nosotros. Esto era Biotecnología, tan Biotecnología como fabricar hoy en día un tomate morado, o desarrollar pruebas genéticas que permitan saber quién es hijo de Julio Iglesias y quién no. Y obviamente, sirve para hacernos la vida más fácil, más sana, más cómoda, más… Para mejorar aspectos concretos de la sociedad, en definitiva.

 «Es poner a trabajar a la naturaleza para la sociedad»

Cuentas con una brillante carrera como científico con más de 80 publicaciones en revistas de prestigio. ¿Qué te impulsó a escribir un libro? ¿Cuál ha sido la mayor satisfacción que has experimentado al hacerlo?

Por un lado, las ganas de escribir fuera del contexto de los artículos científicos que te obligan a seguir unas reglas muy estrictas en cuanto a rigor, precisión y (ausencia de) creatividad. Y por supuesto, en inglés. Tenía ganas de escribir en español, y utilizando un lenguaje divulgativo, asequible para cualquiera independientemente de su formación. Y por otro lado, como he comentado antes, me apetecía compartir la experiencia de descubrir un mundo, el de la Biotecnología vegetal, que a mí en su día me fascinó.

¿Cuánto tiempo te llevó el proceso de documentación y  escritura?

Pues no te lo puedo decir con exactitud. Sé que estuve algo más de un año documentándome y escribiendo, pero eso sí, a ratos sueltos, cuando salía del trabajo, en casa, los fines de semana, vacaciones… no sé, es difícil de calcular.

En  Biotecnología vegetal. La ciencia que revolucionó el futuro de las plantas hablas de muchas funciones importantes que tienen las plantas y que son poco conocidas. ¿Hay alguna que te fascine en particular? ¿Cuál es la que más le sorprende a la gente al leerlo?

A mí en concreto, por las líneas de investigación en las que trabajo, lo que más me fascina de las plantas es la capacidad natural de sus células para ser cualquier cosa. Imagínate, como cuento en el libro, que a partir de un espermatozoide fuera posible tener un hijo a tu imagen y semejanza, sin que hubiera de por medio madre alguna, ni ningún tipo de reproducción sexual. O a partir tan solo de un óvulo, sin necesidad de “yacer con varón”. Imagina también que pudiéramos manipular nuestra anatomía para hacer que una de nuestras piernas se convirtiera en un brazo. O que si nos amputaran un brazo, nos saliera otro. O dos, o tres más. O que en la superficie de un embrión comenzaran a surgir decenas de embriones “siameses”. Esto, extrapolado a humanos, suena bastante a “laboratorio del Dr. Frankenstein”. Pero no te preocupes, esto es inimaginable en humanos, ni tan siquiera en vertebrados superiores. Sin embargo, las células vegetales tienen una plasticidad natural que les permite, en las condiciones adecuadas, convertirse en cualquier otro tipo celular distinto al original. Y eso, es fácil imaginar que ofrece un montón de posibilidades biotecnológicas. De ellas, entre otras, hablo en el libro.

«Lo que más me fascina de las plantas es la capacidad natural de sus células para ser cualquier cosa»

En cuanto a la gente, pues la verdad, la capacidad de sorpresa depende mucho de cada uno. Sí que es verdad que en general, lo que más impacta a la gente es el tema de las plantas transgénicas, y la posibilidad de que mediante esta tecnología hagan cosas que hasta ahora no hacían las plantas. Aunque quizá en esto tenga bastante que ver toda la polémica y la polvareda mediática que se ha levantado en torno a ellas, y que no se ha levantado en torno a otras aplicaciones biotecnológicas que no difieren mucho de ellas. También hablo de esta batalla mediática.

Personalmente, me ha impactado la capacidad que tienen algunas plantas de detectar minas antipersona. ¿Cuándo se descubrió que podían hacerlo y se utilizaron por primera vez?

Sí, la verdad es que es algo impactante. En realidad, las plantas en la naturaleza no pueden detectar minas por sí mismas. Pero si las transformamos genéticamente con un determinado gen, podemos hacerlo. ¿Cómo? Añadiéndoles un gen que las haga sensibles al dióxido de nitrógeno, un gas que desprenden las minas enterradas. De este modo, las plantas de las que hablo en el libro cambian de color cuando bajo ellas hay una mina desprendiendo gas. Esto se desarrolló durante la primera década de este siglo, y en distintos laboratorios se sigue investigando en esta y otras líneas parecidas. Pero en mi opinión, lo realmente importante no es esta aplicación concreta, con todo lo importante que pudiera ser, sino el hecho de que este tipo de tecnología y otras que están justo ahora emergiendo, bien aplicadas, tienen un increíble potencial para ayudar a la sociedad en multitud de contextos que van muchísimo más allá de los tradicionales de la alimentación, decoración, paisajismo, textil, etc.

¿En qué estás investigando en la actualidad?

Desde que estoy en la Universitat Politècnica de València me dedico a estudiar el fenómeno de la androgénesis, que es básicamente lo que he explicado antes: tratar de obtener plantas completas mediante cultivo in vitro a partir de células sexuales masculinas, sin necesidad de que se junten con las femeninas, sin que haya fecundación. Se trata de un fenómeno que, en aquellas especies donde se puede conseguir, resulta muy útil para mejorar y acelerar la producción de nuevas variedades vegetales, con características nuevas o mejoradas. Por eso, en mi grupo de investigación nos dedicamos a estudiar el fenómeno, tratar de entenderlo a distintos niveles, y de aplicarlo a aquellas especies donde sería interesante que estuviera disponible pero todavía no es posible. Aparte de esto, colaboramos con otros laboratorios en temas puntuales, todos ellos relacionados con la Biología celular y la Biotecnología vegetal, pero nuestras líneas de investigación principales se centran en esto.

 ¿Cuáles son tus proyectos futuros? ¿Algún otro libro a la vista?

No, de momento no. En todos los libros que he escrito, primero ha surgido una idea, a la que he ido dando vueltas, y eso me ha llevado a la “necesidad” de plasmar esa idea, a la motivación para empezar a escribir. Actualmente tengo algunas ideas, pero estoy aún en la fase de “crearme la necesidad” de plasmarla.

Portada del libro «Biotecnología Vegetal»