En casa

El miércoles pasado tuvo lugar la presentación de The Art of Transforming Science en el auditorio del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA), en Pamplona. El acto empezaba a las siete y la lluvia seguía sin dar tregua. Mal asunto para cumplir las expectativas de aforo. Faltó gente, fuimos aproximadamente 60 de los 140 confirmados y resultó duro después de destinarle tantas horas de trabajo… No obstante, no puedo quejarme, de hecho estoy más que agradecida por haber tenido la oportunidad de presentar el libro en un lugar en el que me siento como en casa, la Universidad de Navarra, y acompañada por un público en el que se encontraban algunos de mis profesores más queridos.

José María Gil-Vernet, Oihana Iturbide y María José Calasanz

María José Calasanz, amiga y socia de esta casa, se sentó junto a mí e inició la velada con unas palabras que lograron ponerme todos los pelos de punta. No es fácil dar en la vida con alguien como ella, un genio de la Genética y la mejor amiga que he tenido nunca. Contar con su compañía ese día me dio el aliento que necesitaba para transmitir lo importante de este camino. Después, José María explicó con todo lujo de detalle el libro que nos ha costado cuatro años editar con la calidad y el cuidado que el contenido merecía.

Como os he dicho, entre el público estuvieron profesores que han supuesto una verdadera revelación para mí: la Dra. Pilar Sesma, el Dr. Ignacio López-Goñi y la Dra. María Iraburu, tres personas que, cada una a manera, han transformado mi vida en algo mejor. Mientras hablaba, los veía mirándome concentrados, sonriendo, y recordaba la cantidad de veces que había estado yo en su lugar, sentada frente a ellos admirando todas y cada una de las lecciones que hicieron que me enamorara poco a poco de la ciencia.

Al terminar las intervenciones, pasamos al pica-pica y pude saludar a los naukers que se acercaron a vernos (gracias Joaquín, Javier y Ambrosio) y a mis grandes amigos los Pochetas que, además, ofrecieron apoyo técnico en la sala (gracias, Adrián). Por supuesto, un millón de gracias al equipo de AMBALA, la ONG a la que pertenezco; al equipo de Marinver, el actual y el que ya fue, a todos los amigos de la familia y, por supuesto, ¡a la familia misma! ¡SIEMPRE!